Cuando escribí la anterior desde el Dublin Airport desconocía que mis padres me fueran a enviar un mensaje de texto diciendo:
Cuando escribí la anterior desde el Dublin Airport desconocía que mis padres me fueran a enviar un mensaje de texto diciendo:
Esta mañana he conocido a Daniel Holloway, un chico del norte de Inglaterra pero de ascendencia polaca. Es probable que su apellido no os suene, pero al igual que mi amiga Mary -la de los bastoncillos de orejas- éste tiene tras su espalda lo que se podría llamar “un gran invento”. Su familia -su abuelo, más concretamente- creó por error el “blue tack”, o lo que es lo mismo, un extraño chicle azul que sirve para pegar cualquier cosa a la pared y que aquí en UK no eres nadie si no tienes un paquete.
Bueno, resulta que le he conocido porque esta mañana, camino a mi reunión del grupo de papiroflexia, me ha parado y se me ha quedado mirando diciendo para sí (sí, sé que me has reconocido).
Yo, que el inglés sigue sin ser mi fuerte (aunque no lo parezca), le he dicho…sí y claro, me ha dado un abrazo que ha dado miedo y me ha soltado un paquete de este extraño chicle azul. Resulta que él estaba haciendo encuestas porque es Evangélico y anda en campaña -pero una campaña distinta- me ha preguntado que cuál es el pilar básico en mi vida y, tras pensarlo, y venirse varias veces a la cabeza la imagen de mi madre le he dicho que la familia. Justo tras eso me he visto en una manifa contra los gays y su “matrimonio”, pero ya he razonado y he caído en que familia y gay people no son conceptos incompatibles. Pero este es otro asunto…
El caso es que no sé si Daniel, o alguno de los suyos, pero al llegar a casa me he encontrado con una de las campañas de Marketing Directo que más me ha llamado la atención en los últimos días.
“Knock, and the door will be opened”. Mt 7:7. Y allí estaban, 8 tacos de madera para 8 puertas diferentes. Aquí las puertas se cierran solas -de estas que tienen el mecanismo detrás- lo cual es un gesto de “gente cerrada”, de “quiero que llames para darte permiso y entrar”. Vamos, lo han utilizado ellos pero que bien lo podría haber utilizado cualquier compañía de teléfonos para decirte lo bonito que es la comunicación.
Que por cierto, hablando de teléfonos…a Rajoy se le ha acabado el chollo de las llamaditas gratis, Mariano ha realizado más de 100.000 llamadas (que muy probablente no se habrá traducido en 100.000 propuestas electorales), pero oye, ya ha conseguido que se hable de él, que de eso se trata.
Esta mañana he decidido saltarme mi clase de Sociología con mi profe Tony King -tendríais que verle…siempre hay un grupo de niñas que le siguen allá donde va- y me he ido al super a comprar unos “lichis” y un poco de pan sin glúten. El caso es que cuando he llegado allí había como más gente de lo normal en la parte de los congelados, y juro que lo primero que se me ha pasado por la cabeza ha sido a Pastora Soler cantando “Corazón Congelado”…también influye que la lleve en el iPod, pero esa es otra historia que ya os contaré.
El caso es que cuando he llegado allí, de repente dos señoras entradas en los cincuenta, muy estilosas han entrado con bolsas del super de la competencia, las han dejado en el suelo y la gente les ha hecho un círculo.
Llevaban un mp4 y unos altavoces y han hecho una performance muy parecida a esto:
Yo me he quedado algo loco, porque además parecía que era el único que se sabía la canción…he estado hablando con ellas después y me han invitado a tomar café un día de estos, quizás este fin de semana les llame.
En fin, por cierto, el tipo del BBVA ya se ha quedado loco. Lo confirmo yo y lo confirma él. Sigue encerrado, hasta donde sé no ha salido y sigue fumando y diciendo “empiezo a estar enfadado” y cosas como “llamámos o no llamámos…”. Ahora sí da miedo.
Justo cuando empezaba a gustarme su compañía en las noches de borrachera, decide anunciarme algo que me temía: se va. Sí, mi amiga Karol ha decidido irse. Y no se cambia de ciudad, no…cambia de continente. Ya no recuerdo cuándo ni como la conocí, pero el caso es que ha decidido ir a hacer medicina a…no os lo perdáis, COSTA RICA.
La idea que tenía de ella ha ido cambiando de forma muy progresiva: primero decidió irse a LeRou -un pueblecito al suoreste de Francia- a probar suerte en un bar de copas, algo que yo siempre ví una locura con la que trataba de demostrar que podía salir de su ciudad natal. Le acabó gustando y decidió comprar y reformar el local para hacerla peluquería canina, pero ahora me suelta eso: que lo deja todo y que se va a Costa Rica. Así, sin más. Que está cansad, que quiere hacer algo productivo en la vida. La verdad es que me ha sorprendido, no tanto por el lugar sino por la valentía y el coraje que merece nuestro aplauso y el todos los andaluces -que diría Consuelo Berlanga.
La verdad es que me alegro mucho por ella, aunque me dé pena separarme de ella -tampoco es que estuviéramos muy juntos ahora, pero oye. El caso es que se va a hacer las américas…ella, una “colonizadora transófoba” -un día de coña me preguntó si las trans como Amor tienen derecho a estudiar. No la odiéis, estaba pasada de todo esa noche, en realidad es una mariliendre reprimida.
Pues eso, que se va a hacer las américas. Y ahora empiezan a surgirle preguntas del tipo me tengo que llevar mosquitera o si me servirá mi equipo de buceo en ese país. La verdad es que ilusiones e inquietudes no le faltan: quiere hacer un curso de cocina con Termomix (allí al parecer es la caña), uno de inglés para cocineras de termomix -básico para sobrevivir- y uno de corte y confección a través del uso de mondadientes. Es una chica curiosa aunque no lo creáis.
Nada, aunque la veré en persona, sólo me queda darle la enhorabuena por la decisión, y anunciarle desde aquí que tendremos que organizar alguna fiesta en su honor.
…llevamos como tres años llevando a cabo un experimento. Un día le llegó un mail para que él pusiera un asterisco a su nombre, y desde entonces, hemos entrado en un bucle en el que ambos mandamos la cadena a nuestros amigos pero luego, siempre nos incluímos el uno al otro. Es gracioso, porque todos los días abro el mail y encuentro, entre las alertas de google que nunca he llegado a eliminar porque me dan pereza y los mails de Venta por Internet para gente chic, su mail. Y siempre lo abro, nunca lo borro. Me resulta entrañable como siempre él pone un “asterisco [*]” al lado de su nombre y como yo hago lo propio. Lo hemos convertido en una competición, y claro, estamos super picados y siempre nos ponemos un único asterisco, porque, aunque el no lo reconozca, siempre cuenta el número de asteriscos y se encarga de ver que no me he comido una y marcado cuarenta.
Y así echamos las horas.
Este blog me aburre. Sí, con la ilusión que lo creé, y hoy tengo la sensación que me aburre. A veces hasta me pesa. Cambio de rumbo, aunque la esencia sigue.
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El otro día, de viaje por Plymouth, conocí a una tipa curiosa. Se llamaba Mary, señora de unos 50 con la que compartí asiento desde Éxeter. Venía a mi ciudad (de acogida) de visitar a su madre. Ella, y esta es la cuestión, me dijo que trabajaba en una fábrica de bastoncillos para las orejas. Me costó mucho entenderla, porque tenía un acento bastante cerrado, y además hablaba muy rápido. Mary lucía chapetas con bufanda, canas con traje gris y ojos azules con medias a juego.
- Llevo trabajando ahí desde que tenía 15 años…
- ¿Desde los quince? Eso es mucho tiempo…y qué es lo que más le gusta de ello?
- El placer.
- ¿Cómo?
- Sí, el placer…seguro que a tí te pasa…tu, déjame que mire -se puso a indagar en mi oreja-, …tú eres de los que disfruta con un buen bastoncillo de orejas.
La expresión y sus movimientos, segura de sí misma, me hicieron muchísima gracia. Entre risas le dije:
- Sí, bueno, supongo que como todo el mundo, ¿no?
- No a todo el mundo le causa placer un bastoncillo.
- Bueno, supongo que habrá quien utilice otras cosas para ese “placer” -me encargué de apostillar la palabra entre comillas para que no me malinterpretara.
El caso es que la conversación tornó en vivencias dentro de la fábrica con su compañeras de trabajo durante los 80, en cómo la gente se había ido retirando y ella era la más mayor que quedaba, me contó lo que pasó cuando la empresa se fusionó con otra compañía belga y su marido fue despedido -se conocieron allí-; y mientras ella me hablaba, yo no hacía más que preguntarme qué era lo que le hacía sentirse tan tranquila.
Justo cuando estábamos bajando del autobús, me preguntó si me podía dar un consejo.
Abre los ojos y mira. Y entre otros autobuses la perdí, y no volví a verla.